Nuestra idea surgió de la necesidad de buscar recursos de agua para afrontar el cambio climático, más concretamente, la escasez de agua.
En nuestro diseño de invernadero utilizamos el agua de mar como fuente de riego autosuficiente de las plantas y como termorreguladora.
Queremos comprobar si la evaporación (agua ya desalinizada) que se produce dentro de nuestro diseño es suficiente para mantener la humedad constante y regar las plantas.
Y, por supuesto, queremos evitar todos los inconvenientes del proyecto “Jardín de Nemo”: que los jardineros no deban sumergirse en el agua, que tenga una extensión tan grande como deseemos, con una instalación y un mantenimiento muy rentable y que no dependa del estado del mar.